El mundo de Menoïch
Xeag Rêg

«Xeag Rêg, que estuvo en todo momento pendiente de los movimientos de Dregoum, se interpuso entre la trayectoria del arma y Nalek, desviando el ataque con el escudo que saltó en pedazos acompañado de docenas de pequeñas descargas eléctricas que calcinaban todo lo que tocaban».

La Leyenda de Menoïch

Encarcelado en una prisión de cristal, lugar de consciencia atemporal, es rescatado por el grupo para cumplir la misión que tenía pendiente. Xeag Rêg es un ser del plano de la luz: un Lixgorae, proveniente de Zlecuria, reino celestial.

Su destino es enfrentarse con un enemigo temible, el mismo que permitirá a la compañía proseguir su viaje y escapar de su cautiverio. 

Ilustrador: Heo Ilhaeng Fuente https://www.artstation.com/artwork/JlnemD

La Piedra de Znaoïk

Fue colocada por Anoïk en la ciudad unificada de Vrialdor y simbolizaba el equilibrio en Menoïch. Desgraciadamente, cuando la ciudad fue atacada por los Shasiop incitados por Lean-ha, la piedra se fracturó liberando una onda de energía que se sintió incluso en Zlecuria. Destruyó el árbol de Truak y precipitó la llegada de las razas Sizna en la Noche de la Vil Oscuridad.

El Reino Celestial de Zlecuria

Zlecuria es el reino donde residen las divinidades. Es un poco difícil explicar puesto que los ojos de los seres vivos no pueden verlo ni tocarlo, salvo que sean invitados a sus dominios. La ciudad, situada en los planos mayores del infinito, está guardada por un gran portón acero. Lo que verdaderamente hace segura la ciudad no son las puertas, sino los muros, aunque paradójicamente no se ven. La puerta actúa como única entrada hacia la dimensión de las divinidades, aunque por fuera se puedan ver las construcciones, no se puede traspasar la barrera atemporal que atrapa en un bucle a los incautos que intentan franquear su frontera. 

Clauok era el guardián de las Puertas de Zlecuria, pero desafortunadamente cayó en la Guerra del Odio, y actualmente es su hijo Etruok quien las guarda. Clauok fue despedido con mucho dolor en Zlecuria, y reconocido su mérito y valor.

Cuando entras en sus dominios la ciudad parece engullirte: grandes monumentos de materiales parecidos al blanco marfil, pero de múltiples colores cuando le toca la luz celestial de la constelación de Sha Ecgo reflejan la majestuosidad de su complicada obra. 

Es un espacio donde se vive en libertad y donde centenares de miles (o millones) de criaturas viven en paz lo que en vida tal vez no pudieron. Sus obras invaden las curvas calles de Zlecuria, incluso podríamos decir que la ciudad es una obra de arte. ¿Cuánto tiempo lleva construida…?, es algo que no se sabe y supongo que nadie vivo sabrá, y después de vivo, ¿Acaso importa?En el centro de la ciudad se eleva una gran estructura circular compuesta por cuarenta y nueve columnas, el único templo conocido dedicado a Ën. Una gran luz se proyecta desde su centro elevándose al infinito, hasta perderse en la inmensidad de la cúpula celestial. Se cree, aunque es muy osado, que el haz de luz es una puerta a otra realidad.

Zlecuria

Lixgorae

Los Lixgorae son mensajeros sagrados. Se cree que proceden de la dimensión Tok o plano de la luz, si bien es seguro que no son hijos de Truak o de Maëchand. Viven en Zlecuria; son esquivos en los tratos con el resto de razas salvo excepciones o por designio divino. Su aspecto varía al igual que el color de su piel aunque guardan cierta similitud física con los Zhogs.

Ilustrador: Thomas Richman Blackshear Fuente: https://www.blackshearonline.com/

Etruok

Guardián de las puertas de Zlecuria junto la energía de Clauok y la música de Liad-va. Deidad benévola. Actual guardia de Zlecuria tras la caída de Clauok. Es venerada por todo tipo de razas descendientes.

“Se le representa con un escudo triangular en fondo azul y en cuyo centro se alza una gran torre. Algunos dicen que representa la torre de la ciudad de Vrialdor, pero otros afirman que se trata de un torreón en Zlecuria”

Filología:

  • E. -fuerza
  • Tr. -ser, esencia
  • U. -dimensión, puerta
  • Ok. -bien, (el bien)
Clauok

Guardián de las puertas de Zlecuria. Deidad benévola. Ligada a Lhoïok. Aunque es una deidad caída tras su sacrificio en la Guerra del Odio se dice que su energía viaja de vuelta de los planos elementales para volver a Menoïch, aunque se cree que su «alma» reside en el reino de Zlecuria. Es una deidad admirada por paladines y es nombrada en muchas ocasiones; sus plegarias no están lejos para ser contestadas ya que la esencia de la deidad está lejos, pero el poder se quedó en Menoïch.

“Clauok era representado por una espada vertical con la punta hacia abajo con el fondo de campiña. Cuando cayó en las Guerras del Odio su estandarte cambió por una espada rota en vertical dentro de un escudo redondo dorado”

Filología:

  • Cla. -vigilante
  • U. -dimensión, puerta
  • Ok. -bien, (el bien)
Karn-Gram Nel

Relatos y Leyendas

La ciudad Unificada de Vrialdor

Fue la primera unificación de las razas en la Era de los Titanes. Los pocos restos que quedan de tal espléndida ciudad nos limitarían su ubicación real, salvo por los mapas hallados en la cripta de Shadirind que nos dicen que la ciudad se construyó cerca del árbol de Truak. Incluso anotaciones, bastante leíbles después de más de mil años, nos han revelado a una ciudad hermosa y llena de vida. La mezcla de razas que convivían en la colosal urbe, y modo de vida tan diferente entre las mismas, otorgaba a la ciudad una impresión apoteósica salpicada de multitud de colores y formas extrañas. 

Fue el inicio del arte de muchas razas sobre la construcción y la maestría de trabajar piedra y hierro, es difícil describir la ciudad entre estilos Sinak y Arhuatz entremezclados entre sí y, sin embargo, no tan extraño imaginarlo, así como las culturas Elnar o Zurgs de cuyas obras, por desgracia, no disponemos de muchos datos fiables. Altas torres levantaron los Zhogs junto con los Arhuatz y Sinak; fuertes eran los templos que allí residían, grandes las explanadas donde Neh-ve y Fenop convivían. 

En el centro de la ciudad se elevaba una gran torre, aunque decir torre sería comparar un alfiler con un mástil: se alzaba muy alta en un intento por tocar las estrellas del firmamento. A medida que se alzaba la vista nuevas torres brotaban de su tronco similar a las ramas de un árbol de invierno. A la luz del sol proyectaba reflejos dorados y blancos y al llegar la noche un montículo de piedra negra parecía. Un importante relato, extraído según cuentan de las ruinas de la misma Vrialdor, comenta la apoteósica transformación de colores que realizaba tras los eclipses de las dos lunas. Esto nos llevó a investigar más sobre la ciudad e incluso recibimos ayuda de astrólogos que calcularon nuevos mapas en un gran esfuerzo por retomar los péndulos del pasado, calculando los eclipses que acontecieron y emplear estos cálculos para probarlos con el poco material que quedó de la torre. El resultado nos dejó atónitos. Grandes genios y artesanos crearon una especie de forma cambiante que obedecía a elementos y luz, tal vez una superficie líquida impregnada después a la torre de Vrialdor hacía este efecto, pero los alquimistas, aún afirman de la existencia de dicho líquido, pero ignoran su composición. Parece ser que los eclipses transformaban la torre en unas tonalidades sólo vistas por las noches, parecidos a los líquidos alquimistas para ver en la oscuridad, pero aumentadas en un tamaño descomunal apuntando al cielo y en una noche despejada de estrellas y nubes, alumbrarían según nuestros cálculos varios kilómetros de distancia.

…Tiempos más felices que se descubren en tiempos de infortunio.


La piedra de Znaoïk

Cuando se unificó la torre de Vrialdor, el dios supremo Anoïk extrajo de la balanza de Zhasluon la más grande de sus gemas que llamó Znaoïk y la colocó en lo más alto de la torre custodiadas por siete estatuas de Darzle de piedra pulida y un altar de mármol negro. El dios de la neutralidad quiso simbolizar el equilibrio en Menoïch por el que se deberían seguir las reglas del todo y la nada; allí, en lo alto de la gran torre, la piedra de un tamaño superior a los tres metros lanzaba destellos blancos, reflejados sobre sólido material negro como hollín. Desgraciadamente, cuando la ciudad fue atacada por los Shasiop, la piedra sé desfragmentó liberando una honda de energía que se sintió incluso en Zlecuria. Rodeó todo el mundo y creó las razas Sizna como se le conocen hoy en día. De cada ser surgió un ente opuesto e igual a la vez.

Aku-Gram Hi

Primer libro de la creación

Lhoïok, Dios soberano de la creación, tuvo un pensamiento que al instante se materializó en un planeta sin vida y sin luz. Lhoïok lloró porque el pensamiento había creado un mundo sin explicación; no se podía decir que estaba allí porque no se veía, pero no se negaba su existencia ya que su presencia era la de Lhoïok. Pensó y halló una solución: buscar de entre sus sueños una ilusión, para que Menoïch, pudiera ser visto y sentido a la vez, para que los demás vieran con envidia que Lhoïok seguía siendo el señor de la máxima creación. 

Pero no era completamente admirado. Aon-ha, soberano y señor del odio, de la destrucción y la envidia, descubrió los planes de Lhoïok de crear algo puro. De la indignación, el universo se tiñó de oscuridad. La oscuridad de Aon-ha. El Dios de la creación tras mucho buscar encontró algo que no pudo definir, algo que de entre sus mil sueños era único, algo que no podía explicar mas al soñarlo vio que era bueno y sus lágrimas distribuidas por millones de puntos sobre la oscuridad de Aon-ha se tornaron brillantes de alegría iluminando todos los rincones sin fin del universo. Aon-ha estalló de rabia.

El sueño fue materializado en algo palpable. En él brillaba la fuerza de mil constelaciones, de mil deseos diferentes, todos buenos. Lhoïok lo lanzó con su esencia de bondad contra Menoïch para que fuera puro y perfecto. Pero el señor de la destrucción acumuló toda su ira en forma de negro cometa y lo lanzó con toda su esencia de maldad contra Menoïch. De repente se cruzaron antes de tocar sobre lo que tendría que haber sido puro y bueno. Una gran explosión absorbió a las dos divinidades al interior de Menoïch, fundiéndose en una, compartiendo un sueño que durará hasta que el mundo deje de soñar. Sus cuerpos quedaron en el espacio invisible ante ojos mortales o divinos, esperando a que el día llegue y que el sueño termine.

De la gran explosión surgieron fragmentos de sueños que se hicieron realidad. Uno, el más grande, se alojó en Menoïch y el mundo cambió. Otro se fue para las estrellas y en llamas estalló, creando a Shaik, el sol, alimentando con su luz y su calor. Otros, gemelos los dos, se alejaron uno del otro y las lunas se crearon: Naegab, blanca una como nácar y la otra era Naêmk, fría y azul. De la más grande, Menoïch, cinco elementos salieron, tierra, mar, fuego, aire, y del último no se habló, puesto que del sueño de Lhoïok y Aon-ha se trata. Aquel sueño no murió, porque dicho está en el firmamento, que algún día Lhoïok y Aon-ha, los dos, del inicio y del final se hablaría y que la batalla nunca terminó.


La Llamada  

Cuando todo ocurrió, vino un gran silencio. Pasaron interminables ciclos de tiempo hasta que fue escuchado el silencio que actuó como llamada para los Dioses soberanos. Tres vinieron; eran entidades superiores, Dioses para muchos de los mortales, para otros iguales, aunque no inferiores, mas su poder estaba muy por debajo de los Soberanos que ahora dormían: Clauok, Divinidad suprema del Bien y guardián de puertas de Zlecuria; Lean- ha Dios supremo de la Maldad y portador de la llama negra de Narnaetok; y, por último, y no menos poderoso, Anoïk señor de la Guerra, guardián de La Balanza de Zhasluon y Juez del equilibrio Eterno.

Al llegar vieron a Menoïch de una forma que no podrá ser vista jamás, en su máximo esplendor. A los ojos de las divinidades, fuera de cualquier ojo mortal, Menoïch manaba poder por todas partes, pero era así como lo veían ellos, ninguna persona podría describir lo que fue, antes se ahogaría en sus propias palabras al intentar ni siquiera explicar un ápice de luz de la creación.

La Luz de la Creación, un poder fuera de lo corriente y limitado para todos excepto las divinidades Soberanas y el Dios Ën, el Único, debe ser utilizado con sabiduría y conocimiento. Lo que se pretende es crear, no destruir, aunque en esta ocasión el sueño se convirtió en pesadilla para muchos.

Las tres divinidades contemplaron durante mucho tiempo, pero ¿Quién lo había creado? Miraron a su alrededor y vieron una interminable sucesión de estrellas infinitas en el universo imperecedero, un espectáculo digno para una entidad. Anoïk decidió comunicarle a Ën del sorprendente hallazgo. Fue a su búsqueda; tardarían cientos de años en volver.

El tiempo pasó, el silencio llegó a oídos de otros. Esta vez aparecieron dos nuevas divinidades. Éstas, independientes a los rangos celestiales, mantenían una fuerte alianza con las fuerzas del universo. Llegaron las dos, Vuêk-va y Enistîa y se maravillaron de lo que vieron y sintieron, una multitud de colores y poderes que se podían tocar y saborear, se sintieron atrapadas como un insecto a la tela de una araña, en verdad el inicio de la creación fue algo que pocos sintieron. 

Vuêk-va, entidad de la naturaleza viviente, fue seducida por el poder de Menoïch mas vio que había desequilibrios entre los elementos de vida, sobre todo sobre el elemento del Espíritu; su poder era inmenso y fluía de todas partes, pero sobre todo de un ser que caminaba por terrenos que nadie antes había pisado, cuya única pertenencia consistía en una túnica carcomida por el fuego, pero a su vez limpia y fría como el hielo. Las demás divinidades no le dieron respuestas que pudieran satisfacer a la poderosa señora de la naturaleza, pero le dijeron que si quería mandar sobre dichos elementos antes debería demostrar pleitesía a los Dioses supremos que allí había. Difícil decisión, ya que ganas tenía y sin pensar más en errante o caminante accedió a demostrar obediencia.

Enistîa Diosa de la magia vio un poder al cual podía dar forma ¡y que forma! Podía crear y destruir, alterar e invocar, un poder fuera de los límites de lo conocido y ahora la oportunidad a sus pies, tal vez jamás volvería a sentir o soñar una creación así, tal vez ésta era la oportunidad; y sin más, accedió también la poderosa señora a rendir respeto… Pero no todos ellos eran ignorantes de la auténtica verdad: el señor del Mal Lean- ha sabía de Aon-ha y de los planes que incluía desbaratar la creación de Lhoïok. Ocultó esa verdad para que nadie lo supiera. Así traicionó a Aon-ha; él quería el poder absoluto y lo extraería de Menoïch, escudriñando en las entrañas de los Dioses soberanos.