El mundo de Menoïch
Ganguär

El idioma Ganguär es el hablado por los Gangu Hil y las Gangu Tul. Es un caso muy parecido con los Fenop, ya que también es muy raro que esta raza salga fuera de su hábitat. Por el contrario, los Gangu aprenden el idioma Menoïac con presteza y son muy rápidos en asimilar más idiomas.

Fenär

El lenguaje de los Fenop: los Emk-Op y las Ghela-Op es el Fenär. Aunque pueden hablar todos los idiomas (a excepción claro está del Dargär) es más difícil que otra raza conozca este idioma ya que por fuerza mayor ha tenido un vínculo más cercano que el resto de razas; Los Fenop son muy reservados y huyen del resto de los seres vivos, rara vez se lanzan a la aventura o abandonan su bosque a no ser por necesidad. Es sumamente raro que otra raza pueda aprender su idioma, casi imposible escribirlo.

La simiente y el Árbol de Truak

En el principio de los tiempos Ën, el Único, depositó una simiente sobre Menoïch. De ésta nació el árbol de Truak que dio paso a las razas conocidas hasta ahora. Comenzó a desplegar sus poderosas ramas a los cielos y de dichas ramas salieron frutos de una pureza eterna. Fue el nacimiento las razas.

La rama Sinak fue la más alta, pero los primeros en surgir los Dargarae; tras ellos llegaron el resto: Fenop, Gangu, Arhuail, Gialzurgs y Nodzurgs 

Cuando el árbol cayó en la Guerra del Odio, su inmenso follaje cayó al suelo levantando el bosque actual en el territorio de Claekoguï.El río Eg-Gurae nace en el interior del bosque de Truak hasta morir al mar de Umgu. Es el mismo trayecto que hizo por el subsuelo la rama Gialzurgs hasta salir al mar, salvo que ésta se hundió profunda en el interior del agua. Se cree que sigue intacta, cambiando su morfología para adaptarla a una gran raíz de agua donde conviven muchas especies entre Trodil y Gihië.

Árbol de Truak
Sinak Nehar o Neh-Sinak

Se ha especulado mucho con el atractivo de esta raza por los Zhogs. Hay algo en ellos que les resulta tan familiar como su propia estirpe, pero lo que más les agrada es el valor y el arrojo. Como reza el cuento popular de los Sinak

En el árbol sagrado de Truak, una y otra raza, se hallaban muy distantes en su imponente altura. Los Sinak tuvieron el privilegio de ver las estrellas por primera vez. Se cuenta que, en una ocasión, un joven Sinak quiso alcanzar una de las más brillantes con tan mala fortuna que cayó al vacío hasta el estanque de los Gialzurgs. Como podéis suponer Tonôk, divertido por la situación, decidió dar la vuelta a la fortuna y del infortunio pasó a la dicha por partida doble: lo primero es que cayó sin hacerse daño hasta la charca de barro mezcla de la tierra y de la savia proveniente de la parte central del tronco donde vivían las Gangu Tul; como segunda dicha fue que allí halló el amor en el rostro de una joven Zhogs que con su ayuda tuvo acogida entre los hijos del fango. Pero, aunque era feliz con ella, un abatimiento y tristeza en su interior crecía hasta hacerse insoportable. Sentía que debía volver a la rama de los Sinak, pero eso le llevaría separarse de su amor. No fue Tonôk quien interfirió en aquel asunto, si bien fue el coraje de la Zhogs que acompañó a su amado de vuelta a su hogar. Tardaron muchos años en alcanzar el cenit; aventuras vivieron conociendo a los Gangu, Fenop y demás criaturas hasta que llegaron a su destino. Nada más llegar la muchacha dio a luz a una pareja de pequeños, una niña y un niño, los primeros Neh-Sinak que convivieron en acogida junto al resto de Sinak

Ilustrador: Raymond Swanland Fuente https://raymondswanland.com/dark-fantasy-gallery

Esta historia se cuenta por parte de los Sinak, orgullosos de aquella epopeya y de los primeros Nehar. Cuando el árbol de Truak cayó, se produjo el caos, pero fue la oportunidad como unión de muchas más parejas entre otras razas.

No se sabe bien el destino de la primera estirpe, pero se cuenta que en la actualidad hay descendientes de aquella unión que se han unido tanto a Sinak como a Zhogs.

Karn-Gram Nel

Relatos y Leyendas

La ciudad Unificada de Vrialdor

Fue la primera unificación de las razas en la Era de los Titanes. Los pocos restos que quedan de tal espléndida ciudad nos limitarían su ubicación real, salvo por los mapas hallados en la cripta de Shadirind que nos dicen que la ciudad se construyó cerca del árbol de Truak. Incluso anotaciones, bastante leíbles después de más de mil años, nos han revelado a una ciudad hermosa y llena de vida. La mezcla de razas que convivían en la colosal urbe, y modo de vida tan diferente entre las mismas, otorgaba a la ciudad una impresión apoteósica salpicada de multitud de colores y formas extrañas. 

Fue el inicio del arte de muchas razas sobre la construcción y la maestría de trabajar piedra y hierro, es difícil describir la ciudad entre estilos Sinak y Arhuatz entremezclados entre sí y, sin embargo, no tan extraño imaginarlo, así como las culturas Elnar o Zurgs de cuyas obras, por desgracia, no disponemos de muchos datos fiables. Altas torres levantaron los Zhogs junto con los Arhuatz y Sinak; fuertes eran los templos que allí residían, grandes las explanadas donde Neh-ve y Fenop convivían. 

En el centro de la ciudad se elevaba una gran torre, aunque decir torre sería comparar un alfiler con un mástil: se alzaba muy alta en un intento por tocar las estrellas del firmamento. A medida que se alzaba la vista nuevas torres brotaban de su tronco similar a las ramas de un árbol de invierno. A la luz del sol proyectaba reflejos dorados y blancos y al llegar la noche un montículo de piedra negra parecía. Un importante relato, extraído según cuentan de las ruinas de la misma Vrialdor, comenta la apoteósica transformación de colores que realizaba tras los eclipses de las dos lunas. Esto nos llevó a investigar más sobre la ciudad e incluso recibimos ayuda de astrólogos que calcularon nuevos mapas en un gran esfuerzo por retomar los péndulos del pasado, calculando los eclipses que acontecieron y emplear estos cálculos para probarlos con el poco material que quedó de la torre. El resultado nos dejó atónitos. Grandes genios y artesanos crearon una especie de forma cambiante que obedecía a elementos y luz, tal vez una superficie líquida impregnada después a la torre de Vrialdor hacía este efecto, pero los alquimistas, aún afirman de la existencia de dicho líquido, pero ignoran su composición. Parece ser que los eclipses transformaban la torre en unas tonalidades sólo vistas por las noches, parecidos a los líquidos alquimistas para ver en la oscuridad, pero aumentadas en un tamaño descomunal apuntando al cielo y en una noche despejada de estrellas y nubes, alumbrarían según nuestros cálculos varios kilómetros de distancia.

…Tiempos más felices que se descubren en tiempos de infortunio.


La piedra de Znaoïk

Cuando se unificó la torre de Vrialdor, el dios supremo Anoïk extrajo de la balanza de Zhasluon la más grande de sus gemas que llamó Znaoïk y la colocó en lo más alto de la torre custodiadas por siete estatuas de Darzle de piedra pulida y un altar de mármol negro. El dios de la neutralidad quiso simbolizar el equilibrio en Menoïch por el que se deberían seguir las reglas del todo y la nada; allí, en lo alto de la gran torre, la piedra de un tamaño superior a los tres metros lanzaba destellos blancos, reflejados sobre sólido material negro como hollín. Desgraciadamente, cuando la ciudad fue atacada por los Shasiop, la piedra sé desfragmentó liberando una honda de energía que se sintió incluso en Zlecuria. Rodeó todo el mundo y creó las razas Sizna como se le conocen hoy en día. De cada ser surgió un ente opuesto e igual a la vez.

Aku-Gram Hi

Primer libro de la creación

Lhoïok, Dios soberano de la creación, tuvo un pensamiento que al instante se materializó en un planeta sin vida y sin luz. Lhoïok lloró porque el pensamiento había creado un mundo sin explicación; no se podía decir que estaba allí porque no se veía, pero no se negaba su existencia ya que su presencia era la de Lhoïok. Pensó y halló una solución: buscar de entre sus sueños una ilusión, para que Menoïch, pudiera ser visto y sentido a la vez, para que los demás vieran con envidia que Lhoïok seguía siendo el señor de la máxima creación. 

Pero no era completamente admirado. Aon-ha, soberano y señor del odio, de la destrucción y la envidia, descubrió los planes de Lhoïok de crear algo puro. De la indignación, el universo se tiñó de oscuridad. La oscuridad de Aon-ha. El Dios de la creación tras mucho buscar encontró algo que no pudo definir, algo que de entre sus mil sueños era único, algo que no podía explicar mas al soñarlo vio que era bueno y sus lágrimas distribuidas por millones de puntos sobre la oscuridad de Aon-ha se tornaron brillantes de alegría iluminando todos los rincones sin fin del universo. Aon-ha estalló de rabia.

El sueño fue materializado en algo palpable. En él brillaba la fuerza de mil constelaciones, de mil deseos diferentes, todos buenos. Lhoïok lo lanzó con su esencia de bondad contra Menoïch para que fuera puro y perfecto. Pero el señor de la destrucción acumuló toda su ira en forma de negro cometa y lo lanzó con toda su esencia de maldad contra Menoïch. De repente se cruzaron antes de tocar sobre lo que tendría que haber sido puro y bueno. Una gran explosión absorbió a las dos divinidades al interior de Menoïch, fundiéndose en una, compartiendo un sueño que durará hasta que el mundo deje de soñar. Sus cuerpos quedaron en el espacio invisible ante ojos mortales o divinos, esperando a que el día llegue y que el sueño termine.

De la gran explosión surgieron fragmentos de sueños que se hicieron realidad. Uno, el más grande, se alojó en Menoïch y el mundo cambió. Otro se fue para las estrellas y en llamas estalló, creando a Shaik, el sol, alimentando con su luz y su calor. Otros, gemelos los dos, se alejaron uno del otro y las lunas se crearon: Naegab, blanca una como nácar y la otra era Naêmk, fría y azul. De la más grande, Menoïch, cinco elementos salieron, tierra, mar, fuego, aire, y del último no se habló, puesto que del sueño de Lhoïok y Aon-ha se trata. Aquel sueño no murió, porque dicho está en el firmamento, que algún día Lhoïok y Aon-ha, los dos, del inicio y del final se hablaría y que la batalla nunca terminó.


La Llamada  

Cuando todo ocurrió, vino un gran silencio. Pasaron interminables ciclos de tiempo hasta que fue escuchado el silencio que actuó como llamada para los Dioses soberanos. Tres vinieron; eran entidades superiores, Dioses para muchos de los mortales, para otros iguales, aunque no inferiores, mas su poder estaba muy por debajo de los Soberanos que ahora dormían: Clauok, Divinidad suprema del Bien y guardián de puertas de Zlecuria; Lean- ha Dios supremo de la Maldad y portador de la llama negra de Narnaetok; y, por último, y no menos poderoso, Anoïk señor de la Guerra, guardián de La Balanza de Zhasluon y Juez del equilibrio Eterno.

Al llegar vieron a Menoïch de una forma que no podrá ser vista jamás, en su máximo esplendor. A los ojos de las divinidades, fuera de cualquier ojo mortal, Menoïch manaba poder por todas partes, pero era así como lo veían ellos, ninguna persona podría describir lo que fue, antes se ahogaría en sus propias palabras al intentar ni siquiera explicar un ápice de luz de la creación.

La Luz de la Creación, un poder fuera de lo corriente y limitado para todos excepto las divinidades Soberanas y el Dios Ën, el Único, debe ser utilizado con sabiduría y conocimiento. Lo que se pretende es crear, no destruir, aunque en esta ocasión el sueño se convirtió en pesadilla para muchos.

Las tres divinidades contemplaron durante mucho tiempo, pero ¿Quién lo había creado? Miraron a su alrededor y vieron una interminable sucesión de estrellas infinitas en el universo imperecedero, un espectáculo digno para una entidad. Anoïk decidió comunicarle a Ën del sorprendente hallazgo. Fue a su búsqueda; tardarían cientos de años en volver.

El tiempo pasó, el silencio llegó a oídos de otros. Esta vez aparecieron dos nuevas divinidades. Éstas, independientes a los rangos celestiales, mantenían una fuerte alianza con las fuerzas del universo. Llegaron las dos, Vuêk-va y Enistîa y se maravillaron de lo que vieron y sintieron, una multitud de colores y poderes que se podían tocar y saborear, se sintieron atrapadas como un insecto a la tela de una araña, en verdad el inicio de la creación fue algo que pocos sintieron. 

Vuêk-va, entidad de la naturaleza viviente, fue seducida por el poder de Menoïch mas vio que había desequilibrios entre los elementos de vida, sobre todo sobre el elemento del Espíritu; su poder era inmenso y fluía de todas partes, pero sobre todo de un ser que caminaba por terrenos que nadie antes había pisado, cuya única pertenencia consistía en una túnica carcomida por el fuego, pero a su vez limpia y fría como el hielo. Las demás divinidades no le dieron respuestas que pudieran satisfacer a la poderosa señora de la naturaleza, pero le dijeron que si quería mandar sobre dichos elementos antes debería demostrar pleitesía a los Dioses supremos que allí había. Difícil decisión, ya que ganas tenía y sin pensar más en errante o caminante accedió a demostrar obediencia.

Enistîa Diosa de la magia vio un poder al cual podía dar forma ¡y que forma! Podía crear y destruir, alterar e invocar, un poder fuera de los límites de lo conocido y ahora la oportunidad a sus pies, tal vez jamás volvería a sentir o soñar una creación así, tal vez ésta era la oportunidad; y sin más, accedió también la poderosa señora a rendir respeto… Pero no todos ellos eran ignorantes de la auténtica verdad: el señor del Mal Lean- ha sabía de Aon-ha y de los planes que incluía desbaratar la creación de Lhoïok. Ocultó esa verdad para que nadie lo supiera. Así traicionó a Aon-ha; él quería el poder absoluto y lo extraería de Menoïch, escudriñando en las entrañas de los Dioses soberanos.