El mundo de Menoïch
La simiente y el Árbol de Truak

En el principio de los tiempos Ën, el Único, depositó una simiente sobre Menoïch. De ésta nació el árbol de Truak que dio paso a las razas conocidas hasta ahora. Comenzó a desplegar sus poderosas ramas a los cielos y de dichas ramas salieron frutos de una pureza eterna. Fue el nacimiento las razas.

La rama Sinak fue la más alta, pero los primeros en surgir los Dargarae; tras ellos llegaron el resto: Fenop, Gangu, Arhuail, Gialzurgs y Nodzurgs 

Cuando el árbol cayó en la Guerra del Odio, su inmenso follaje cayó al suelo levantando el bosque actual en el territorio de Claekoguï.El río Eg-Gurae nace en el interior del bosque de Truak hasta morir al mar de Umgu. Es el mismo trayecto que hizo por el subsuelo la rama Gialzurgs hasta salir al mar, salvo que ésta se hundió profunda en el interior del agua. Se cree que sigue intacta, cambiando su morfología para adaptarla a una gran raíz de agua donde conviven muchas especies entre Trodil y Gihië.

Árbol de Truak
La Balanza de Zhasluon

La balanza de Zhasluon se creó para medir y equilibrar las fuerzas del bien y el mal, pero su creación va más allá de las eras. Se cree que su nombre viene de un ser primordial, al igual que Ën, pero desaparecido en el umbral de la razón y el tiempo.

Se la representa con un aro perfecto en cuya superficie plateada están grabadas las runas que alertan del mal uso o desequilibrio de las fuerzas del bien o del mal. En su parte superior hay una vara en horizontal que en apariencia no tiene sujeción alguna con la superficie curvilínea, quedándose suspendida a poca distancia de ésta mas una muesca pone en evidencia que ahí, en la parte superior, estaba alojada la piedra de Znaoïk. A sus extremos, levitando en cadenas de cristal, están las bandejas donde el peso inclina la balanza hacia un lado u otro. En su parte inferior hay un segundo segmento semiesférico o de media luna utilizada de soporte o bien para agarrar el objeto.

Cuando una de dichas fuerzas se sobrepasa, volviéndose más poderosa que la otra, el peso hundirá la bandeja elevando a la más débil. Es entonces cuando el guardián vigente debe poner fin y restaurar el equilibrio, colocándola en su posición inicial. La deidad depositaria es Anoïk: Vigente de la Balanza de Zhasluon. Tras la caída de Vrialdor y la destrucción de la piedra de Znaoïk –la piedra que adornaba la parte superior de la balanza- Anoïk se volvió más reservado y distante; triste de que el equilibrio se rompiera y con él la piedra de la verdad (Cenkar).

Zhoën (los primogénitos)

“Con el estallido de la simiente nacieron los Zhoën o llamados primogénitos. Los Zhoën se expandieron por todo Menoïch creando año tras año nuevas y fascinantes cosas que hoy en día ya no existen y según cuentan desaparecieron con ellos, aunque en algunos lugares se veneran grandes construcciones de tiempos olvidados que se les atribuyen a ellos: ¡ah larga desdicha nos dejó cuando se fueron!”

Los Zhoën fueron creados en primer lugar por Ën. Poco se sabe de esta raza perdida en la memoria de Menoïch, pero dejaron objetos que atestiguan su legado, aunque pocos son los que los poseen. Utilizaban técnicas avanzadas de construcción, magia y conocimiento de los astros. Fueron los primeros en brotar del árbol de Truak. Según cuentan las leyendas, gracias a su avanzada tecnología y sus artes mágicas lograron trascender de Menoïch; marcharon a las estrellas olvidando su cuerpo físico hasta adoptar formas etéreas que les permitían levitar hacia los confines de la luz y la oscuridad.

Aspecto:

Se conoce poco del aspecto de dicha raza, pero se sabe que eran altos y que no precisaban de boca para comer; se especula que se alimentaban del sol y de la tierra, del agua y del viento; una forma difícil de pensar para la mayoría de los mortales. Tenían una larga melena morena que ataban con un copete (no hay constancia de que su pelo fuera de otro color). Según los escritos antiguos custodiados en la gran biblioteca de Kitur describen a estos seres con dos brazos, largos y delgados; tenían cuatro dedos en cada mano, dos de éstos (índice y corazón) eran simétricos, el resto eran más pequeños careciendo de pulgar prensil para agarrar objetos mas se creía que sus capacidades psiónicas les bastaban para manejar y crear herramientas; tenían tres falanges por cada dedo que podían mover en cualquier dirección.

Tonôk

Deidad del azar y de los viajeros. Se le representa como dos partes de un todo entre masculino y femenino, aunque puede adoptar las dos formas simbólicas: cuando el azar es propicio nace Noeok, símbolo de la suerte y fortuna, representada como un o una danzarín y joven pícaro; en cambio cuando viene el infortunio o desgracia aparece Noeha, representada por una siniestro/a joven de espaldas tan encorvadas que la cabeza toca el suelo arrastrando el cabello sucio y lleno de parásitos.

Es la única deidad no invitada por Ën, aunque tampoco queda claro si Ën tiene poder sobre él o ella, ya que no sigue normas o reglas escritas. Su propio ser es el azar en sí.

Ilustrador: brahim azizi Fuente: https://www.artstation.com/cgbrahim

El Juego del Azar: se dice que a Tonôk le gusta jugar a un misterioso pasatiempo llamado el saco de Baeno donde en su interior guarda tres dados de varias caras: Cuk, Thu y Huk. Cada dado tiene varias caras y en cada dado se muestra el pasado, el presente y el futuro y sus posibles resultados que serán variados: Aenoeok: mucha suerte; Emnoeok: poca suerte, Tono: empatar, etc.

Filología:

  • To. -espejo
  • No. – Azar
  • Ok. – bien,(el bien)
Voenkar

Soberana de la sabiduría inabarcable. Llega a Menoïch acompañando a Ën. Junto a Sonmêk es neutral y no se decantan por la balanza del bien o del mal. Tiene un vínculo muy especial con Sonmêk que se complementan para llegar a la iluminación.

“Sonmêk y Voenkar se representan con una cruz de cristal. A cada extremo se sitúan el conocimiento contrapuesto al pensamiento y la razón contrapuesta a la sabiduría e intelecto. No son antítesis unas de las otras. Para magos y sacerdotes son deidades clave”

Filología:

  • Voe. -sabiduría
  • N. -unión, fusión
  • Kar. -verdad (Ar- completo/K- honor)
Voenkar
Sonmêk

Soberano de la razón y el Pensamiento. Llega a Menoïch acompañando a Ën. Es una deidad neutral y no se decanta por la balanza del bien o del mal. Tiene un vínculo muy especial con Voenkar que se complementan para llegar a la iluminación.

“Sonmêk y Voenkar se representan con una cruz de cristal. A cada extremo se sitúan el conocimiento contrapuesto al pensamiento y la razón contrapuesta a la sabiduría e intelecto. No son antítesis unas de las otras. Para magos y sacerdotes son deidades clave”

Filología:

  • Son. -razón
  • Mêk. -pensamiento auténtico (Me- pensamiento/ek- vida)
Ën

Ën “El Único”. – poder sobre poderes. No se le ha vuelto a ver desde que partió en busca de las entidades Lhoïok y Aon-ha. Hay eruditos que creen que su retorno sucederá cuando halle a quien se perdió en el olvido o cuando el mundo de Menoïch trascienda a otro plano. No hay raza o clase específica que rinda devoción ya que siempre se le considera una deidad neutra, pero poderosa. Se dice que en Zlecuria es el único lugar donde hay un templo en su honor.

“Ën no tiene una representación en el templo. De hecho, se le nombra como un eco del pasado que se ha transmitido de forma oral de generación en generación”

Filología:

  • Ën – el único, sin traducción
Dioses de Menoïch

Poco o nada se sabe de la procedencia de estas energías extraplanares. La naturaleza de sus cuerpos es un misterio así de su sexo. Hay que aclarar que, aunque en muchas ocasiones tengan una representación física, esto queda muy lejos de la realidad de sexos entre unos y otros. En verdad no existe la copulación o fecundidad entre ellos al estar por encima de los límites físicos, trascendiendo de la carne al plano energético y/o espiritual. Las únicas deidades que no muestran un arquetipo, femenino o masculino, son Ën y Tonôk, este último cambia su morfología a voluntad. 

El principio de la creación se le atribuye a Lhoïok y Aon-ha, si bien muchos intervinieron en la transformación del mundo. Otros, como Vuêk-va y Enistîa, aparecieron sin invitación atraídas por la esencia que desprendía el interior de aquel planeta en apariencia muerto.

Por así decirlo podríamos clasificarlos en dos grupos: primigenios o dioses y los semidioses o los Neh-Êln: nuevas energías creadas, aunque, como más adelante se descubrirá, estas jóvenes divinidades acumularan poder, sabiduría y juicio a nivel de sus padres.

Aku-Gram Hi

Primer libro de la creación

Lhoïok, Dios soberano de la creación, tuvo un pensamiento que al instante se materializó en un planeta sin vida y sin luz. Lhoïok lloró porque el pensamiento había creado un mundo sin explicación; no se podía decir que estaba allí porque no se veía, pero no se negaba su existencia ya que su presencia era la de Lhoïok. Pensó y halló una solución: buscar de entre sus sueños una ilusión, para que Menoïch, pudiera ser visto y sentido a la vez, para que los demás vieran con envidia que Lhoïok seguía siendo el señor de la máxima creación. 

Pero no era completamente admirado. Aon-ha, soberano y señor del odio, de la destrucción y la envidia, descubrió los planes de Lhoïok de crear algo puro. De la indignación, el universo se tiñó de oscuridad. La oscuridad de Aon-ha. El Dios de la creación tras mucho buscar encontró algo que no pudo definir, algo que de entre sus mil sueños era único, algo que no podía explicar mas al soñarlo vio que era bueno y sus lágrimas distribuidas por millones de puntos sobre la oscuridad de Aon-ha se tornaron brillantes de alegría iluminando todos los rincones sin fin del universo. Aon-ha estalló de rabia.

El sueño fue materializado en algo palpable. En él brillaba la fuerza de mil constelaciones, de mil deseos diferentes, todos buenos. Lhoïok lo lanzó con su esencia de bondad contra Menoïch para que fuera puro y perfecto. Pero el señor de la destrucción acumuló toda su ira en forma de negro cometa y lo lanzó con toda su esencia de maldad contra Menoïch. De repente se cruzaron antes de tocar sobre lo que tendría que haber sido puro y bueno. Una gran explosión absorbió a las dos divinidades al interior de Menoïch, fundiéndose en una, compartiendo un sueño que durará hasta que el mundo deje de soñar. Sus cuerpos quedaron en el espacio invisible ante ojos mortales o divinos, esperando a que el día llegue y que el sueño termine.

De la gran explosión surgieron fragmentos de sueños que se hicieron realidad. Uno, el más grande, se alojó en Menoïch y el mundo cambió. Otro se fue para las estrellas y en llamas estalló, creando a Shaik, el sol, alimentando con su luz y su calor. Otros, gemelos los dos, se alejaron uno del otro y las lunas se crearon: Naegab, blanca una como nácar y la otra era Naêmk, fría y azul. De la más grande, Menoïch, cinco elementos salieron, tierra, mar, fuego, aire, y del último no se habló, puesto que del sueño de Lhoïok y Aon-ha se trata. Aquel sueño no murió, porque dicho está en el firmamento, que algún día Lhoïok y Aon-ha, los dos, del inicio y del final se hablaría y que la batalla nunca terminó.


La Llamada  

Cuando todo ocurrió, vino un gran silencio. Pasaron interminables ciclos de tiempo hasta que fue escuchado el silencio que actuó como llamada para los Dioses soberanos. Tres vinieron; eran entidades superiores, Dioses para muchos de los mortales, para otros iguales, aunque no inferiores, mas su poder estaba muy por debajo de los Soberanos que ahora dormían: Clauok, Divinidad suprema del Bien y guardián de puertas de Zlecuria; Lean- ha Dios supremo de la Maldad y portador de la llama negra de Narnaetok; y, por último, y no menos poderoso, Anoïk señor de la Guerra, guardián de La Balanza de Zhasluon y Juez del equilibrio Eterno.

Al llegar vieron a Menoïch de una forma que no podrá ser vista jamás, en su máximo esplendor. A los ojos de las divinidades, fuera de cualquier ojo mortal, Menoïch manaba poder por todas partes, pero era así como lo veían ellos, ninguna persona podría describir lo que fue, antes se ahogaría en sus propias palabras al intentar ni siquiera explicar un ápice de luz de la creación.

La Luz de la Creación, un poder fuera de lo corriente y limitado para todos excepto las divinidades Soberanas y el Dios Ën, el Único, debe ser utilizado con sabiduría y conocimiento. Lo que se pretende es crear, no destruir, aunque en esta ocasión el sueño se convirtió en pesadilla para muchos.

Las tres divinidades contemplaron durante mucho tiempo, pero ¿Quién lo había creado? Miraron a su alrededor y vieron una interminable sucesión de estrellas infinitas en el universo imperecedero, un espectáculo digno para una entidad. Anoïk decidió comunicarle a Ën del sorprendente hallazgo. Fue a su búsqueda; tardarían cientos de años en volver.

El tiempo pasó, el silencio llegó a oídos de otros. Esta vez aparecieron dos nuevas divinidades. Éstas, independientes a los rangos celestiales, mantenían una fuerte alianza con las fuerzas del universo. Llegaron las dos, Vuêk-va y Enistîa y se maravillaron de lo que vieron y sintieron, una multitud de colores y poderes que se podían tocar y saborear, se sintieron atrapadas como un insecto a la tela de una araña, en verdad el inicio de la creación fue algo que pocos sintieron. 

Vuêk-va, entidad de la naturaleza viviente, fue seducida por el poder de Menoïch mas vio que había desequilibrios entre los elementos de vida, sobre todo sobre el elemento del Espíritu; su poder era inmenso y fluía de todas partes, pero sobre todo de un ser que caminaba por terrenos que nadie antes había pisado, cuya única pertenencia consistía en una túnica carcomida por el fuego, pero a su vez limpia y fría como el hielo. Las demás divinidades no le dieron respuestas que pudieran satisfacer a la poderosa señora de la naturaleza, pero le dijeron que si quería mandar sobre dichos elementos antes debería demostrar pleitesía a los Dioses supremos que allí había. Difícil decisión, ya que ganas tenía y sin pensar más en errante o caminante accedió a demostrar obediencia.

Enistîa Diosa de la magia vio un poder al cual podía dar forma ¡y que forma! Podía crear y destruir, alterar e invocar, un poder fuera de los límites de lo conocido y ahora la oportunidad a sus pies, tal vez jamás volvería a sentir o soñar una creación así, tal vez ésta era la oportunidad; y sin más, accedió también la poderosa señora a rendir respeto… Pero no todos ellos eran ignorantes de la auténtica verdad: el señor del Mal Lean- ha sabía de Aon-ha y de los planes que incluía desbaratar la creación de Lhoïok. Ocultó esa verdad para que nadie lo supiera. Así traicionó a Aon-ha; él quería el poder absoluto y lo extraería de Menoïch, escudriñando en las entrañas de los Dioses soberanos.