El mundo de Menoïch
Gialär

El Gialär es idioma hablado por los Gialzurgs: Zhogs, Elnar y Zurgs. Es un idioma muy común entre el resto de razas además de tener un parecido muy similar al Menoïac. Debido a la gran expansión de los Gialzurgs por todo Menoïch no es difícil oírlo en los rincones más alejados y desérticos.

Eokuk

Sin lugar a dudas el más misterioso y extraño de toda la raza Sizna. En los primeros años se creyó que fue un mito o leyenda atribuyendo a los Nehvi como los únicos de la rama Elnar que no fueron alcanzados por la energía de Znaoïk. Tras varias décadas se aportaron los primeros avistamientos de esta raza sin poder concretar con fidelidad cuál era su origen y aspecto. No fue hasta mucho después (más cercano a los tiempos actuales) que los Eokuk han pasado del anonimato a formar parte de las razas de los Sizna; si bien es justo decir que son muy reservados, moviéndose en sociedades secretas y no inmiscuyéndose con el resto del mundo a no ser que decidan dejar su comuna y ver mundo.

Su aspecto físico es curioso a la par que siniestro. La piel es escamosa, de color azul con manchas gris oscuro, pero carecen de dicha defensa en toda la espalda, antebrazos, parte posterior del muslo y pantorrilla; esta zona es más suave y de color azul claro. Rara vez utilizan sus negras garras salvo para defenderse inoculando un veneno no letal, pero que puede sumir en el letargo durante un corto espacio de tiempo. Su físico es semejante a los Nehvi, pero carentes de vello por el cuerpo amén de una cabeza cónica privada de cabello a excepción de abundantes hebras de color negro azabache que surgen de las zonas parietales que arreglan con trenzas. A medida que son más ancianos, el pelo pasa a ser de color gris deteniéndose el ritmo de crecimiento a no más de un metro de largo. Sus ojos son negros salvo el iris de color rojo sangre y la pupila vertical, típica de los Drapha. Su boca es pequeña y estrecha, aunque poseen colmillos afilados y lengua bífida. Tienen el don sobrenatural de desaparecer en las sombras y confundir a sus enemigos. Claro está esto no pueden realizarlo a plena luz del día, cosa que evitan si es posible. En el caso que tengan que viajar lo hacen lo más tapados que puedan, sorteando que los rayos de Shaik les toquen su piel ya que esto los daña, aunque no los mata a corto plazo.

Dral-Totr

Una de las más peculiares razas que surgieron de los Elnar y, para ser precisos, de los Nehvie fueron los Dral-Totr, que traducido sería «escamas con voluntad de duplicarse»., pero son comúnmente conocidos como «los seres espejo». 

Su constitución es semejante a los Drapha mas poseen rasgos con los Nehvie entre los que destacan las manos, brazos, torso y piernas, pero el rostro es inequívocamente Drapha, si bien es la única que posee vello, tanto facial como cabelludo, de colores oscuros en su mayoría salvo excepciones. Sus ojos, de color verde o amarillo, son rasgados con pupila vertical. Su piel es de color verdoso, aunque si están en contacto con el exterior se vuelven morenos con bastante facilidad, camuflando el verde, aunque lo recuperan al pasar un día en a la oscuridad. Miden entre metro ochenta y los dos metros y su constitución es bastante delgada, no alcanzando los setenta kilos ni en los casos más extremos. 

Poseen el don sobrenatural de duplicarse a voluntad, dividiendo sus facultades físicas, mentales y mágicas entre dos. Cuando la copia, indiferentemente quien, sea derrotada, vuelve a su estatus quo anterior sin inmutarse.

La torre de Circuïruohm

Fue edificada en la Guerra del Odio por Sinak, Zhogs, Elnar y Arhuatz. Fue uno de los últimos Bastiones en el territorio de Zailegaht en el Reino Sinak de Karn-Cu. Varios centenares de enemigos (se calculan más de diez mil) entre Ur, Sagil, Shadra y Droül atacaron la torre de Circuïruohm con el propósito de conseguir un objeto custodiado en la torre más alta.

La construcción se elevaba sobre un acantilado de más de doscientos metros de profundidad, y como acceso una sola entrada; lo que la hizo prácticamente inexpugnable. Siete torres se elevaban sobre sus muros, pero la más alta y principal alcanzaba los cien metros. El custodio de la torre era un poderoso hechicero Sinak de una orden olvidada, se llamaba Odlilan Voêlexïne. 

La torre fue defendida con uñas y dientes. En el momento del ataque se calcula que había unos mil Sinak en el interior de las murallas que, según cuentan las leyendas, gastaron todos sus proyectiles y continuaron disparando con las flechas y saetas enemigas que les lanzaban. Un escuadrón de Darzle, capitaneados por un poderoso líder, Zhauk, lucharon con valor, aunque no sobrevivió ninguno. Los Zhogs y Elnar que quedaron atrapados en la batalla eran viajeros o comerciantes que se organizaron para la lucha por la supervivencia. Hicieron acopio de valor y recibiendo órdenes de dos líderes elegidos, Ferune y Ahc-Ul, que defendieron el sitio hasta caer junto al resto. Por último, destacar a los 102 Arhuatz, entre ellos Centok Edil, hijo del rey Uân Ginê. Luchó codo con codo hasta que todos perecieron. Como último recurso, Odlilan Voêlexïne hizo volar por los aires las siete torres destruyendo a los pocos enemigos que aún quedaban en pie, perdiéndose el objeto que custodiaba más centenares de reliquias que según cuentan siguen perdidas en las oscuras simas. Otros afirman que hubo una lucha entre hechiceros y eso fue lo que hizo colapsar las torres.

Desde entonces nadie ha pisado esas tierras a excepción del día del año que conmemora la desafortunada contienda donde muchas de las razas, tanto atacantes como defensores, se reúnen en silencio tras una larga peregrinación para honrar a sus caídos.

Raza Gialzurgs

De la savia que emanó del árbol de Truak (en especial de la zona GanguTul) se creó un pequeño estanque donde estaba la rama Gialzurgs. Pero no se detuvo ahí, continuó hasta perforar la tierra y llegar al mar, por donde la savia se filtró hasta las aguas. La gran extensión de este lago era tan grande como la copa oriental del árbol. Las criaturas que en él vivían estuvieron siempre bajo su espeso follaje, creando comunidades ya muy distintas entre las razas que se alzaron a su pie. De ellos surgieron las razas de los hijos del fango: Zhogs, Neh-Ve o Elnar, Zurgs y Nodzurgs.

Aku-Gram Hi

Primer libro de la creación

Lhoïok, Dios soberano de la creación, tuvo un pensamiento que al instante se materializó en un planeta sin vida y sin luz. Lhoïok lloró porque el pensamiento había creado un mundo sin explicación; no se podía decir que estaba allí porque no se veía, pero no se negaba su existencia ya que su presencia era la de Lhoïok. Pensó y halló una solución: buscar de entre sus sueños una ilusión, para que Menoïch, pudiera ser visto y sentido a la vez, para que los demás vieran con envidia que Lhoïok seguía siendo el señor de la máxima creación. 

Pero no era completamente admirado. Aon-ha, soberano y señor del odio, de la destrucción y la envidia, descubrió los planes de Lhoïok de crear algo puro. De la indignación, el universo se tiñó de oscuridad. La oscuridad de Aon-ha. El Dios de la creación tras mucho buscar encontró algo que no pudo definir, algo que de entre sus mil sueños era único, algo que no podía explicar mas al soñarlo vio que era bueno y sus lágrimas distribuidas por millones de puntos sobre la oscuridad de Aon-ha se tornaron brillantes de alegría iluminando todos los rincones sin fin del universo. Aon-ha estalló de rabia.

El sueño fue materializado en algo palpable. En él brillaba la fuerza de mil constelaciones, de mil deseos diferentes, todos buenos. Lhoïok lo lanzó con su esencia de bondad contra Menoïch para que fuera puro y perfecto. Pero el señor de la destrucción acumuló toda su ira en forma de negro cometa y lo lanzó con toda su esencia de maldad contra Menoïch. De repente se cruzaron antes de tocar sobre lo que tendría que haber sido puro y bueno. Una gran explosión absorbió a las dos divinidades al interior de Menoïch, fundiéndose en una, compartiendo un sueño que durará hasta que el mundo deje de soñar. Sus cuerpos quedaron en el espacio invisible ante ojos mortales o divinos, esperando a que el día llegue y que el sueño termine.

De la gran explosión surgieron fragmentos de sueños que se hicieron realidad. Uno, el más grande, se alojó en Menoïch y el mundo cambió. Otro se fue para las estrellas y en llamas estalló, creando a Shaik, el sol, alimentando con su luz y su calor. Otros, gemelos los dos, se alejaron uno del otro y las lunas se crearon: Naegab, blanca una como nácar y la otra era Naêmk, fría y azul. De la más grande, Menoïch, cinco elementos salieron, tierra, mar, fuego, aire, y del último no se habló, puesto que del sueño de Lhoïok y Aon-ha se trata. Aquel sueño no murió, porque dicho está en el firmamento, que algún día Lhoïok y Aon-ha, los dos, del inicio y del final se hablaría y que la batalla nunca terminó.


La Llamada  

Cuando todo ocurrió, vino un gran silencio. Pasaron interminables ciclos de tiempo hasta que fue escuchado el silencio que actuó como llamada para los Dioses soberanos. Tres vinieron; eran entidades superiores, Dioses para muchos de los mortales, para otros iguales, aunque no inferiores, mas su poder estaba muy por debajo de los Soberanos que ahora dormían: Clauok, Divinidad suprema del Bien y guardián de puertas de Zlecuria; Lean- ha Dios supremo de la Maldad y portador de la llama negra de Narnaetok; y, por último, y no menos poderoso, Anoïk señor de la Guerra, guardián de La Balanza de Zhasluon y Juez del equilibrio Eterno.

Al llegar vieron a Menoïch de una forma que no podrá ser vista jamás, en su máximo esplendor. A los ojos de las divinidades, fuera de cualquier ojo mortal, Menoïch manaba poder por todas partes, pero era así como lo veían ellos, ninguna persona podría describir lo que fue, antes se ahogaría en sus propias palabras al intentar ni siquiera explicar un ápice de luz de la creación.

La Luz de la Creación, un poder fuera de lo corriente y limitado para todos excepto las divinidades Soberanas y el Dios Ën, el Único, debe ser utilizado con sabiduría y conocimiento. Lo que se pretende es crear, no destruir, aunque en esta ocasión el sueño se convirtió en pesadilla para muchos.

Las tres divinidades contemplaron durante mucho tiempo, pero ¿Quién lo había creado? Miraron a su alrededor y vieron una interminable sucesión de estrellas infinitas en el universo imperecedero, un espectáculo digno para una entidad. Anoïk decidió comunicarle a Ën del sorprendente hallazgo. Fue a su búsqueda; tardarían cientos de años en volver.

El tiempo pasó, el silencio llegó a oídos de otros. Esta vez aparecieron dos nuevas divinidades. Éstas, independientes a los rangos celestiales, mantenían una fuerte alianza con las fuerzas del universo. Llegaron las dos, Vuêk-va y Enistîa y se maravillaron de lo que vieron y sintieron, una multitud de colores y poderes que se podían tocar y saborear, se sintieron atrapadas como un insecto a la tela de una araña, en verdad el inicio de la creación fue algo que pocos sintieron. 

Vuêk-va, entidad de la naturaleza viviente, fue seducida por el poder de Menoïch mas vio que había desequilibrios entre los elementos de vida, sobre todo sobre el elemento del Espíritu; su poder era inmenso y fluía de todas partes, pero sobre todo de un ser que caminaba por terrenos que nadie antes había pisado, cuya única pertenencia consistía en una túnica carcomida por el fuego, pero a su vez limpia y fría como el hielo. Las demás divinidades no le dieron respuestas que pudieran satisfacer a la poderosa señora de la naturaleza, pero le dijeron que si quería mandar sobre dichos elementos antes debería demostrar pleitesía a los Dioses supremos que allí había. Difícil decisión, ya que ganas tenía y sin pensar más en errante o caminante accedió a demostrar obediencia.

Enistîa Diosa de la magia vio un poder al cual podía dar forma ¡y que forma! Podía crear y destruir, alterar e invocar, un poder fuera de los límites de lo conocido y ahora la oportunidad a sus pies, tal vez jamás volvería a sentir o soñar una creación así, tal vez ésta era la oportunidad; y sin más, accedió también la poderosa señora a rendir respeto… Pero no todos ellos eran ignorantes de la auténtica verdad: el señor del Mal Lean- ha sabía de Aon-ha y de los planes que incluía desbaratar la creación de Lhoïok. Ocultó esa verdad para que nadie lo supiera. Así traicionó a Aon-ha; él quería el poder absoluto y lo extraería de Menoïch, escudriñando en las entrañas de los Dioses soberanos.